CONTRA LA PREOCUPACIÓN, MEDITACION O MINDFULNESS

 Según Francesc Miralles en “La dieta espiritual” Pre-ocuparse es una manera excelente de no ocuparse de las cosas, ya que mientras damos vueltas a lo que podríamos hacer, a lo que los demás no han hecho o a lo que podría pasar, todos nuestros asuntos permanecen en un estado de parálisis que nos impide tomar decisiones y ponernos en marcha.
Sobre esto, el psicólogo Thomas Borkovec asegura que «aunque a veces la preocupación puede ser positiva, en muchas ocasiones se cae en un pensamiento crónico alrededor de dicha preocupación. En general, la gente se preocupa por cosas que tienen poca probabilidad de ocurrir».
El mismo profesor Borkovec ha centrado buena parte de su carrera en el estudio de los estragos que provoca el exceso de preocupación y la ansiedad. En sus investigaciones, Borkovec localizó tres grandes fuentes de preocupación:

1. Los pensamientos recurrentes
2. La evitación de los resultados negativos
3. La inhibición de las emociones

Como argumenta en una entrevista concedida a la Revista Argentina de Clínica Psicológica, Borkovec y su equipo empezaron a estudiar la preocupación mientras indagaban sobre posibles tratamientos para el insomnio.

Tras probar la eficacia de la relajación en la terapia contra el insomnio, llegaron a la conclusión de que se trataba de una buena técnica, pero no porque consiguiera relajar la parte somática que producía la ansiedad, sino porque reducía las ideas intrusivas que desata un exceso de preocupación.
Comprendieron así que lo que mantenía a las personas despiertas no era la excitación, sino el circuito de los pensamientos. Por consiguiente, si lograban desviar su atención al relajarse, los pacientes conseguían detener la preocupación.
También la doctora en psicología Lizabeth Roemer —colaboradora de Borkovec— coincide en la importancia de desviar la atención para luchar contra la ansiedad y el exceso de preocupación.

¿Y como lo hacemos?, con la práctica de la meditación, mindfulness o atención consciente en la respiración o en las sensaciones de nuestro cuerpo en el momento presente, sin juzgar.

Como dice Jon Kabat Zinn, la respiración entra y sale de continuo de tu cuerpo. El hecho es que estamos siempre respirando. Absorbemos aire en cada inspiración y lo devolvemos al mundo en cada exhalación. De ello depende nuestra vida. Y, como no podemos salir de casa sin ella, la respiración puede convertirse en el más adecuado objeto de atención para volver al momento presente. Solo en el presente respiramos —porque el último aliento ya se fue y el próximo todavía no ha llegado— y solo respiramos en el ahora. ¿Qué mejor ancla, pues, que la respiración, para que nuestra caprichosa atención no se aleje del presente?
Esta es una de las muchas razones por la que muchas tradiciones contemplativas utilizan, como primer objeto de atención, las sensaciones corporales que acompañan a la respiración. Pero prestar atención a las sensaciones corporales de la respiración no es una práctica válida solo para principiantes. Es cierto que puede ser sencilla, pero no lo es menos que el mismo Buddha afirmó que la respiración encierra, en su interior, todo lo necesario para el cultivo del amplio abanico de nuestra humanidad, especialmente de la sabiduría y de la compasión.
La razón es que el hecho de prestar atención a la respiración no se limita a la respiración. Los objetos de atención nos ayudan a estabilizar la atención. Poco a poco empezamos entonces a darnos cuenta de lo que es la atención. La atención tiene que ver con la relación existente entre lo que parece ser el perceptor (tú) y lo que parece ser percibido (el objeto al que estés atendiendo). Entonces es cuando te das cuenta de que ambos forman parte de una totalidad dinámica e inconsútil que, en última instancia, jamás han dejado de estar unidas. Lo primordial es, pues, la conciencia.

Independientemente de cómo haya sido y del dolor y sufrimiento que encierre, nuestro pasado es, en este mismo instante, el único trampolín con que contamos para llevar a cabo el trabajo de vivir el presente de manera consciente, ecuánime, lúcida y atenta.

El trabajo y la aventura de la vida consisten en no quedarnos atrapados en nuestro pasado, en nuestras ideas y en nuestros conceptos y recuperar el único momento que realmente tenemos, que siempre ha sido este. Cuidar este momento puede tener un efecto considerable en el siguiente y, por tanto, en el futuro, tanto tuyo como del mundo. Si puedes estar atento a este momento, es posible que el siguiente sea extraordinaria y creativamente diferente, porque eres consciente de lo que ocurre sin añadirle nada en absoluto.

Técnicamente hablando, sin embargo, el mindfulness es lo que emerge cuando prestas una atención deliberada y no crítica al momento presente como si tu vida dependiera de ello. Y lo que emerge no es más que la conciencia.