La Potencia de la Compasión

02/05/2017

Hay que tener fuerza para estar al tanto del sufrimiento y no ser abrumado por él. Para algunos, los ojos de los que no poseen nada más de lo que puede llevar encima puesto, les causa una impresión profunda, y puede ser también deprimente pensar acerca de cualquier problema que a largo plazo no exista una solución fácil. Como sucede con el racismo, las desigualdades, las guerras sin fin y el abandono de los pobres sin casa. Ninguno de estos problemas pueden abordarse de forma rápida.

Por mucho que hayamos avanzado, todavía, los humanos no le hemos prestado lo suficiente de nuestro tiempo, energía e inteligencia para resolver estos problemas.  En su lugar, tenemos una cultura de consumo, en gran medida estamos distraídos, somos inmaduros y egocéntrico.  Lo peor de todo, y ocurre demasiado a menudo, los que tenemos libertad y contamos con una educación lo suficientemente buena para aportar algo significativo al cambio en positivo de nuestra sociedad, apartamos la mirada y la dirigimos al próximo partido o al próximo viaje.

Me resulta reconfortante aquí el hecho de que hay muchas personas con conciencia, que trabajan cada día para hacer la diferencia, pero esto no es fácil. Cuando nos encontramos con lo que parece ser un desafío insuperable, surge la tentación de ceder fácilmente a la desesperación o a la indiferencia, tanto para nuestra generación como para las venideras y nuestro futuro como humanidad. Afortunadamente para nosotros, existen y tenemos a nuestro alcance recursos internos que podemos aprovechar para ayudar y responder de manera más eficaz.   La compasión es una cualidad humana única que expresa nuestro cercanía con los demás y que nos da fuerza y esperanza.

La compasión no es la pena o la desesperación por los problemas de los demás y de la humanidad que no podemos resolver

En la superficie, la compasión puede parecerse a la pena o a la desesperación.  En ambos casos la sensación inicial es de tristeza.  Pero cuando en la pena o la desesperación estamos abrumados, y nos hacemos débiles como un niño, la compasión nos proporciona la energía para seguir trabajando por un cambio positivo. Hay momentos en que una fuerza indomable se levanta en nosotros.  Basta con mirar a los trabajadores, las madres y los padres y amigos y extraños que salen cada día para hacer lo que se necesita, y cuando hay una crisis, una nueva fuerza les entra en sus corazones y sus mentes.

Cuando pienso en aquellos activistas que se manifestaron, y que escribieron, y que hablaron a lo largo de los años, sé que lo hicieron tanto para sí mismos como para los de las generaciones venideras.  Esa fuerza que tenían para comenzar, y para seguir adelante era la fuerza permanente de la compasión, y esto es algo que todos podemos utilizar ahora.

La mente muchas veces nos hace dudar y también está estrechamente ligada al miedo, y no hace pequeños y contraídos. Pero la mente de la compasión es inmensa, es clara y sin miedo.  Hace que  visualicemos grandes proyectos, como el agua limpia, y que todos los seres humanos pueden alimentarse y tener un cobijo, y se pone a trabajar para conseguir que esto ocurra.

Cuando estamos en un estado de duda, desesperación y distracción nos encerramos en nosotros mismos.  Estamos confundidos y sólo nos quedamos con una pequeña parte de nuestra riqueza y potencial interior.  Por el contrario, la compasión nos ayuda a saber exactamente lo que es esencial y para que estamos aquí: para cuidar los unos de los otro lo mejor que podamos. Es una luz que se despierta en nosotros. Es un gran amor.  Es la compasión que se da respuestas a las grandes y a las pequeñas necesidades; Es la compasión que nos hace continuar; y es este mismo poder en nosotros el que se prolonga durante todo el tiempo que se tardará en completar obras que conduzcan a la justicia, a la curación de las heridas internas y externas y a la paz.

Alabo el amanecer de la compasión en todos y cada uno de nosotros hoy, en este momento, y todos los actos que nacen de ella .  ¡Que florezca en todos nosotros!